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2019-11-25

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La Convención sobre los derechos del niño marcó un hito que celebramos treinta años después, pues sigue siendo el instrumento de derechos humanos más universal (solo los Estados Unidos se ha negado a ratificarlo) y su proyección abarca múltiples esferas del desarrollo de las personas y una vasta comprensión de las condiciones socio culturales y económicas que afectan el goce de los derechos humanos de los niños, niñas y adolescentes.

La Convención sobre los derechos del niño abrió un cielo inmenso, destinado a nuevas alas: fortaleció la comprensión expansiva de los sujetos de derecho, al abogar por un concepto integral de ciudadanía que abarca a la infancia y la adolescencia en un nuevo paradigma que por fin dejó atrás las ideas asistenciales del viejo régimen.  Paradójicamente, los principios de la Convención también beneficiaron a los jóvenes y alimentaron el debate general sobre inclusión, justicia, adaptabilidad y participación de muchos sectores sociales, especialmente de las personas y pueblos que han sido históricamente discriminados.

Gracias a la Convención, y especialmente al trabajo del Comité de los derechos del niño, el marco conceptual y normativo del derecho a la educación también se enriqueció notablemente, pues la idea de ciudadanía activa de niños y adolescentes y especialmente el principio de interés superior del niño, han hecho necesario mejorar su participación significativa en la gobernanza escolar y en la toma de decisiones en los asuntos que les afectan.

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La Convención retomó los objetivos propuestos en la Declaración Universal de Derechos Humanos y en el Pacto Internacional de Derechos Económicos, Sociales y Culturales, y presentó un poderoso elenco de fines de la educación (artículo 29) que esclarecen la idea de que la educación no puede reducirse a satisfacer las necesidades de los empleadores y debe promover la construcción de conocimientos necesarios para dignificar la vida de las personas.  Esta visión fue esclarecida en la Observación General 1 del Comité de los derechos del niño y aportó una tonelada de argumentos a favor del respeto a la diversidad social, cultural, lingüística y religiosa de los niños y adolescentes.

Esa visión integral e integradora, ha permitido una articulación más efectiva del derecho a la educación con otros derechos, inspirando las legislaciones domésticas y la jurisprudencia nacional e internacional a favor de visiones no restrictivas de la educación y los aprendizajes.

Después de treinta años desde su adopción, la Campaña Mundial por la Educación continúa creciendo bajo los principios de la Convención sobre los derechos del niño y se une al regocijo de sus miembros para conmemorar este acontecimiento.

Fuente: Campaña Mundial por la Educación