Redacción: Alexander Medina. IRFA Venezuela
Este 24 de marzo se recuerdan los 45 años del martirio de San Óscar Arnulfo Romero, también conocido como San Romero de América, quien fue asesinado de un balazo en 1980 en San Salvador.
Conocido como la voz de los sin voz, dedicó su vida a la defensa de los derechos humanos y la justicia social en El Salvador. Su compromiso con los más vulnerables lo convirtió en un símbolo de lucha contra la represión y la violencia en toda nuestra América Latina y El Caribe.
En Voces sobre la Mesa, se dialogó con Álvaro Artiga, académico, sociólogo, politólogo y autor del libro Una sociedad según el corazón de Dios: utopía sociopolítica de Monseñor Romero.
De inicios, Artiga intentó delinear el impacto que tuvo Romero, no solo en la iglesia salvadoreña y latinoamericana, sino también en los ámbitos político y social de la época, en la cual varios países de Centroamérica, incluyendo el suyo, estaban envueltos en espirales de violencia política y subversiva.
Destacó que Oscar Arnulfo Romero originalmente no fue “heredero” del espíritu de renovación de la Iglesia de América Latina desprendido de la realización de la conferencia de obispos celebrada en 1968, en Medellín, Colombia, entre otras cosas porque fue nombrado obispo en 1970; es decir, dos años después de todo este movimiento que se iniciaba en la estructura eclesiástica.
Desde esta óptica, Romero no participa de ese primer grupo de prelados que intentan adaptar las conclusiones del Concilio Vaticano II, efectuado entre 1962 y 1965, al contexto latinoamericano.
Sin embargo, le tocó el turno de participar en la siguiente conferencia del Celam, en Puebla, México, en 1979. A partir de estas reflexiones, el nuevo obispo comienza a entender que la iglesia debe tener una palabra en el contexto de su país dominado por una dictadura militar que intentaba montar una fachada democrática con elecciones que a la final terminaron siendo fraudulentas.
En este sentido, según el académico, se va gestando “una iglesia propia desde las bases que ellos (los obispos latinoamericanos) llaman la iglesia de los pobres, hacen realidad la opción por los pobres, aunque no toda la Iglesia católica”.
Señaló que su ministerio episcopal se ciñó a las enseñanzas del vaticano y, sobre todo, de acompañar al sufrido pueblo de El Salvador asumiendo las últimas consecuencias que desembocan en su martirio.
San Romero de América: una canonización como modelo para los demás
Oscar Arnulfo Romero fue canonizado en el año 2018 junto al papa Pablo VI por el actual pontífice Francisco.
Para Artiga, este gesto del papa es signo para mostrarle al mundo que esta es la Iglesia que él quiere. “Estos son los obispos que otros deberían tomar como modelo, y creo que ahí está la trascendencia, no solo latinoamericana sino también universal, de la vida y el ministerio de monseñor Romero. Se convierte en un modelo viviente de una forma de ser Iglesia”.
Recomendó acudir a internet para descargar los audios de sus homilías, textos como cartas, exhortaciones pastorales y denuncias públicas que hizo el sacerdote, para que de esta manera se ilustren y se empapen mucho más de lo que significa su legado para la iglesia de América Latina y el mundo.
¿Cuál era el contexto en El Salvador cuando Oscar Arnulfo Romero lo nombran obispo?
En este apartado, Álvaro Artiga distinguió dos etapas en el episcopado de Romero en medio del contexto convulsionado de la década de los 70 que vivía el país centroamericano, marcado por la existencia de una dictadura militar y con una importante movilización social, organización popular de base con los maestros, estudiantes, obreros, y luego la aparición de grupos armados que se convierten en ejércitos guerrilleros.
La primera fase la describió como una época de profundo conservadurismo del nuevo obispo de San Salvador, designado en 1970 por el papa Pablo VI, en medio de luchas populares en su país para derrocar la tiranía prevalente, violatoria de los derechos humanos, y la reacción de los Estados Unidos para apaciguar estos movimientos y reafirmar que Centroamérica era su patio trasero.
Inmediatamente después de su asunción como obispo, Romero es nombrado Secretario de la Conferencia Episcopal Salvadoreña. Luego es enviado a la Diócesis de Santiago de María y es allí donde confiesa que se había topado con la pobreza por primera vez en su vida religiosa.
Vale recordar que en esta Diócesis, ubicada en una zona campesina cafetalera, ocurre una masacre de campesinos que se encontraban en una jornada de capacitación y a Romero le tocó levantar los cuerpos de los asesinados.
A partir de este doloroso hecho le envió una carta al presidente de entonces pidiendo explicaciones de lo sucedido y que se aclarara a través de investigaciones profundas para determinar quiénes eran los responsables. Sin embargo, el gobierno guardó silenció y reinó la impunidad.
En febrero de 1977 fue elegido como arzobispo de San Salvador, poco después de la realización de unas elecciones presidenciales que terminaron siendo un fraude electoral.
Días después de su investidura asesinan en El Paisnal, el 12 de marzo, a uno de sus grandes amigos, el padre jesuita Rutilio Grande, quien por cierto estaría próximo a ser canonizado también, siguiendo los pasos de Romero.
Este episodio significó para Romero lo que Artiga llama una vuelta de tuerca, ya que a partir de esta dolorosa experiencia, él va confrontando cada vez más al poder militar, político y económico gobernante en El Salvador.
El ambiente se vuelve más convulso también con el reporte de más desaparecidos, sacerdotes, catequistas, celebradores de la palabra y activistas de derechos humanos asesinados, más persecuciones en contra de militantes de organizaciones populares y otros partidos políticos.
En este contexto, monseñor Romero intentó por un lado que el conflicto caracterizado por la represión y la violencia no escalara mucho más en el país, y por el otro elevó su voz para denunciar la violación de los derechos humanos de la población, sobre todo de los campesinos.
Producción: Cristina Cabral, Radio Encuentro Argentina- Ingrid Burgos, Fernando López/ Coordinación General ALER, Iolany Pérez de Radio Progreso, Honduras – Alexander Medina de IRFA Venezuela, Joshue Neira de Radio Encuentro, Argentina; Inés Gonzales de ERBOL, Bolivia; Isabel Gómez de la Esquina Radio, Colombia.
Conducción: Kenia Gómez de YSUCA, El Salvador, Isabel Gómez de la Esquina Radio, Colombia.