Skip to main content

2020-11-25

cq5dam.thumbnail.cropped.750.422.jpg

Promover la sinodalidad, hacer camino juntos, es un desafío cada vez mayor para la Iglesia. Para ayudar a concretarlo, el pasado 29 de junio fue creada la Conferencia Eclesial de la Amazonía (CEAMA), una respuesta que puede dar cobertura a muchas propuestas que surgieron en el Sínodo.

La CEAMA es “una estructura más institucionalizada, dentro de lo que es el marco jurídico de la Iglesia, que pudiera acoger estas propuestas”, en palabras de su vicepresidente, Monseñor David Martínez de Aguirre, recogidas en un video que nos presenta lo que es la CEAMA y recopila diferentes voces de algunos miembros del comité ejecutivo.

Un sueño se hace realidad

 Estamos ante un sueño hecho realidad, que en palabras de la hermana Laura Vicuña Pereira Manso, una de las representantes de los pueblos originarios en la CEAMA, “nace del caminar de la Iglesia que hacemos aquí en América Latina y en la Panamazonía, como una Iglesia que está comprometida con el anuncio de la Buena Noticia y denuncia de las situaciones de muerte que amenazan la vida de todas y todos y de nuestra casa común”.  Según la religiosa, “la Conferencia Eclesial de la Amazonía nos indica que somos y podemos tener una diversidad, una pluralidad, que es la belleza de nuestra Panamazonía, pero esa diversidad, esa pluralidad se interrelaciona formando un todo”.

Caracterizada por el principio de la inclusión y la pluralidad, de la busca de estilos de vida alternativos, solidarios, la CEAMA está llamada a concretizar una Iglesia capaz de contemplar la realidad, que promueva un acompañamiento inculturado y una formación para la encarnación, desde la perspectiva del territorio. Todo ello desde la base de caminos y lenguajes comunes, especialmente con los pueblos amazónicos, que ayude a traducir la evangelización en términos comunes a todos, que dé valor a cada individuo y tenga en cuenta las luchas de los pueblos, a quienes es necesario acompañar. Como reconoce Delio Siticonatzi, indígena del pueblo asháninka, que también forma parte de la CEAMA, ésta “responde a las necesidades de los pueblos que habitan en ella, responde a las problemáticas, responde a los problemas que aquejan a los pueblos en la Amazonía”.

Para llevar a cabo esta misión, la Iglesia está aprendiendo de los pueblos a unir esfuerzos, a tejer red, a remar al mismo ritmo, descubriendo que el Espíritu sopla sobre el poliedro de la diversidad cultural que acompaña a las comunidades. En un llamado a vivir el estilo sinodal, que supone la conversión permanente a una comunión sinodal y misionera, la Conferencia Eclesial de la Amazonía, como afirma la hermana Liliana Franco, convoca distintos sujetos eclesiales, “por un mismo deseo y una única pasión, responder a la consolidación de una Iglesia con rostro amazónico, a este deseo de hacernos significativamente aliados de los pueblos en la defensa de la vida, de la Tierra y de las culturas”, insistiendo en que “la CEAMA es una buena noticia para todos”.

El estilo sinodal

 Estamos ante una conferencia que representa a todo el Pueblo de Dios en camino por la Amazonía y se caracteriza por un estilo sinodal y colegial. Con autonomía propia, adscrita a la Presidencia del CELAM, la CEAMA tiene autonomía funcional y va avanzando hacia una mayor sostenibilidad institucional, además de desarrollar vínculos con las Conferencias Episcopales y otras instancias eclesiales, como la CLAR, las CÁRITAS y la REPAM, con la que nace y se desarrolla en coordinación orgánica, siendo un servicio ejecutivo para la articulación y el alcance en el territorio amazónico, y un apoyo en el despliegue de sus relaciones institucionales.

Su presidente, el cardenal Claudio Hummes, insiste en que “la Iglesia en la Panamazonía quiere ser aliada de los indígenas, como ellos mismos pidieron, y estar presente al lado de todos los pobres, físicamente presente, próxima, en lo cotidiano de la vida, y luchar con todos esos pobres por su vida y por la casa común, promoviendo la evangelización encarnada, inculturada, defendiendo derechos humanos y colectivos en toda la región”.

La CEAMA, que reúne a las iglesias locales de ocho países y una región de ultramar, asume las orientaciones del Papa Francisco para ayudar a la inculturación en la región y configurar los rostros amazónicos del Pueblo de Dios, ofreciendo un servicio de animación y seguimiento a las iniciativas que brotaron del Sínodo Panamazónico de 2019. Entre ellas podemos citar la definición de un rito amazónico, garantizando que el proceso de inculturación de la fe se exprese en formas más coherentes, a fin de que también pueda celebrarse y vivirse según las lenguas propias de los pueblos amazónicos.

Casa de acogida y de empatía

Como nueva casa de acogida del territorio Amazónico, que sueña con tejer relaciones sociales y territoriales que sean el capital que hace la diferencia, la CEAMA se presenta como una casa donde se hilvana la vida ecológica y política que acorta brechas entre los seres humanos, abierta para restaurar las fuerzas de las hermanas y hermanos que se sienten agobiados. Es la casa de la empatía por el próximo, de relaciones iguales, de aprecio por el buen vivir, el buen hacer, de la profecía, porque denuncia la opresión y el atropello causado a los más pequeños, una casa que tiene tiempo para la escucha atenta de quien lo necesite.

Este organismo eclesial, uno de los acuerdos del Sínodo para la Amazonía, es para el cardenal Barreto, presidente de la REPAM, algo que surge “desde la experiencia de la sinodalidad, que es caminar juntos, que es buscar la voluntad de Dios en un diálogo fraterno, con los tres pasos característicos de la sinodalidad, que es escuchar, discernir, reflexionar, y actuar juntos, como Iglesia”. Por eso, estamos ante la hora del diálogo de saberes, de los propósitos colectivos, de nuevos círculos que dan vida a un nuevo orden social y eclesial.

Como una institución que sigue el ritmo de la vida: movimiento y pausa, camino y reunión, sinodalidad y sínodo, la Iglesia es llamada a asumir las palabras del Papa Francisco, que nos llama a descubrir que “caminar juntos es el camino constitutivo de la Iglesia; la figura que nos permite interpretar la realidad con los ojos y el corazón de Dios; la condición para seguir al Señor Jesús y ser siervos de la vida en este tiempo herido. Respiración y paso sinodal revelan lo que somos y el dinamismo de comunión que anima nuestras decisiones”.

Fuente: REPAM