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Autor: Ismael Moreno, Radio Progreso, Honduras

Fecha de Publicación:

Ir al Foro Social Mundial es pasar días enteros buscándolo, sin saber a ciencia cierta si en realidad uno estuvo en el Foro Social Mundial, o si todavía lo sigue buscando. Es un acontecimiento extraordinario. Pero uno queda con la sensación de haber asistido a un cúmulo de micro acontecimientos, actividades dispersas sin que nadie pueda dar cuenta de la orientación general y sin que nadie te pueda señalar con un dedo o con el GPS dónde está el centro, o la orilla pues, desde donde se pueda ver el conjunto de todo, y si de verdad existe acaso un conjunto.

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Es un evento histórico que por no tener un molde posible, expresado en ese genérico grito de otro mundo posible, solo podría caber en lo que los teóricos de pasillo –inflamados de resabios intelectuales– suelen llamar anarquismo, que es lo mismo que decir que todo se escapa como agua en mano, que nadie manda a nadie y que todo lo que se manda es de sospechar.

Hay un documento, tan grueso que parece libro, en donde están contadas o anunciadas las actividades y talleres. Cada evento parece tener su propia autonomía, y el rasgo que más distingue al conjunto –desconjuntado—es un montón de gente andando de un lado a otro con cartel en pecho, vestimenta informal, buscando un lugar con gente donde meterse a escuchar cualquier cosa, porque todo lo que en cualquier lugar se diga será antiimperialista, antirracista, antiextractivista, antipatriarcal, y todos los antis capitalistas que jamás podrían caber en cualquier molde, solo en el desmoldeado Foro Social Mundial.

Ese es el mayor aporte del Foro, decirle al mundo que esas cosas estructuradas, agendadas hasta el tuétano y en sus detalles, con tiempo y formalidades establecidas, acabaron deshumanizando a la gente, a los países y a las instituciones. Y por mantener la formalidad de las cosas, los conductores de este mundo del “ordena y mando” acabaron hartándose los bienes comunes y de la naturaleza, convirtieron en robots las relaciones humanas, y por el afán de convertir todo en dinero, acabaron hablando de Dios, pero convirtiendo el planeta entero en un infierno terrenal, con un reguero mundial de gente hambrienta en un reducido mundo de hartados. Contra ese mundo de gente bien situada, sembrada en el más puro cinismo de la doble y hasta triple moralidad, sembrada en la ley y en Dios, en el dinero y en el Estado, es por lo que existe, o parece  existir, y alcanza su sentido el Foro Social Mundial.

Ese es el grito del otro mundo es posible que da rienda suelta y hace valedero a este incontrolable e irredento Foro Social Mundial. Y a mí me da gusto estar en él. Al menos porque dura unos pocos días. Es un grito que en los hechos terrenales como el que se observa en Montreal, es antisistémico, ácrata, cargado del más puro valeverguismo informal, desinstitucionalizado y mordaz. Eso sí, detrás de la aversión a la institucionalidad y bajo la promesa de hacer de este mundo otro posible, se arrastra el individualismo del sistema del que se quiere escapar; nadie parece que quiere pautas o pistas, ni coordinaciones y menos a coordinadores o directores. Nada de partidos políticos. Cada quien a mandarse solo; cada quien por su cuenta y riesgo, siempre que se tenga el dinero para el billete del avión y para tomarse el café no importa que sea en Starbucks, con la pizza o la hamburguesa.

Si Usted quiere saber dónde está el Foro Social Mundial, basta que llegue a cualquiera de las sedes de la Universidad de Montreal, y entonces verá miles de papeles, cárteles, afiches, camisetas, una marcha por aquí y otra marcha por allá. Ya llegó al Foro Social Mundial. Un sinfín de camisetas de infinitos colores y leyendas. De acuerdo al programa –porque hay programa, esa suma de actividades kilométricas– puede ocurrir que simultáneamente estén programados cien talleres. O doscientos. En todos hay gente, desde cinco personas, incluyendo los ponentes, veinte personas o hasta cien o doscientos. Yo participé como ponente en uno de cien, con el tema de la Encíclica Laudato Sí.

El Foro Social Mundial es como un archipiélago. Centenares de talleres y eventos, como islas. Con la diferencia de que aquí cada isla está en movimiento. Pero sin dejar de ser isla. El Foro es un mar poblado de centenares de islas, la mayoría pequeñas. Aunque he hecho todo los esfuerzos que pude, no logré nunca identificar los hilos, los puentes, los vínculos entre un evento con otro. Sin duda existen, pero están camuflados, invisibles, como aquella mano de la que dicen del capitalismo, “la mano invisible del mercado” ¿Cuál es esta mano invisible del Foro Social Mundial?

A mí me llevó al Foro Social Mundial una ONG muy generosa. Presiento que muchísima gente llegó como yo, pagada por una ONG. Y si el Foro Social Mundial es antisistémico, sin que nadie lo mande o lo conduzca, sin orden posible y sin liderazgos visibles, y sin embargo funciona, ¿no serán acaso las ONGs esa “mano invisible” que mueve los hilos, pero que aparece agazapada, sin que nadie lo sepa, aunque la mayoría sepamos que estamos en el Foro Social Mundial gracias a una de ellas?

¿No es acaso este tiempo de los Foros Sociales, el tiempo de la conducción mundial de las ONGs?

¿Qué relación hay entre ellas y los Estados, y las empresas privadas? ¿Qué relación hay entre ellas y los pueblos organizados o víctimas de las políticas imperiales? ¿Sustituyeron ellas a los partidos políticos? ¿Son sustitutas de un movimiento social todavía anémico? ¿Y qué relación se puede seguir teniendo para que esta “mano invisible” se convierta en portadora de alianzas permanentes de solidaridad entre los pueblos, y que finalmente ellas mismas se hagan a un lado para que emerjan los liderazgos conductores en estas nuevas generaciones de “otros mundos posibles” con propuestas organizadas desde los que ahora son los perdedores y perdedoras de la historia?

Muchas preguntas, pocas o casi ausentes respuestas. Mejor seguiré en mi infructuosa tarea de encontrar el Foro Social Mundial. Quien quita que por buscarlo, quizás no lo acabe de encontrar, pero sí nos sigamos encontrando muchísima gente de aquí y de allá que creemos en las luchas comunes, y desde lo nacional y lo local, vayamos encontrando las respuestas desde la escucha de los clamores de los pueblos excluidos.