
Ya mucho se ha dicho en ambos países sobre esta lamentable situación que confronta nuevamente a dos naciones que hasta ahora no habían podido cicatrizar heridas producidas desde hace más de un siglo, después de la Guerra del Pacífico.
Sin embargo, es lamentable que en medio de esta situación sea la población la que quede en el medio, porque los políticos pueden estar enfrentados, porque los diplomáticos pueden lanzarse diatribas suavizadas con pañuelos, porque las Fuerzas Armadas pueden prepararse para un conflicto bélico inexistente pero no es justo que los pueblos, los peruanos y los chilenos, tengan que enfrentarse en un lío matizado por expresiones xenofóbicas y casi acomplejadas desde ambos lados.
Hay peruanos viviendo y trabajando en Chile y chilenos viviendo y trabajando en Perú y eso debería ser lo más normal del mundo, siendo países vecinos, pero lamentablemente las declaraciones de nuestros políticos, hablando de envidias, de frases altisonantes y de discursos populacheros, generan que la gente se enfrente, que las redes sociales se llenen de grupos discriminadores hacia peruanos y chilenos, que los blogs se llenen de insultos y de frases hirientes. ¿Es todo esto justo y necesario?
Nadie conoce aún las razones por las cuales el militar Ariza y otros más, aceptaron trasladar información secreta a Chile. Nadie sabe cuáles fueron las razones de algunos los militares chilenos para sembrar agentes en Perú. Nadie sabe a ciencia cierta cuáles eran las intenciones, y es probable que nunca las sepamos. Nadie sabe porqué otros países se arman. Nadie sabe porqué en pleno Siglo XXI seguimos pensando que podría haber un conflicto bélico. Nadie sabe porqué seguimos viendo enemigos de un lado y del otro. Nadie sabe porqué nos herimos entre humanos, entre hermanos y hermanas.
Un llamado a la cordura es lo que debe darse desde ambos países. Las heridas del pasado, en el pasado deben quedar. Hoy nos enfrentamos a otros enemigos que son comunes tanto para Chile y para Perú, el hambre, el cambio climático, la pobreza. Peleemos juntos para combatirlo. No peleemos entre nosotros para herirnos y si los políticos se insultan que queden en esas esferas. No caigamos en esa tentación de insultarnos y golpearnos. Es cierto la guerra no conoce fronteras pero también es cierto que la paz tampoco las conoce. Dejémosla pasar, sin visas ni pasaportes.

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Espionaje, politiquería, armamentismo y los pueblos en el medio





















