“Ni las lenguas son inocentes, ni los medios son imparciales…
por una comunicación popular y comunitaria con justicia e igualdad de género”
Por: Anaité Vargas y María Cianci Bastidas
ALER
Bajo el objetivo de generar un espacio de debate y reflexión, impulsar y promover relaciones equitativas entre hombres y mujeres a través del aporte en la producción y difusión de mensajes en los medios de comunicación, y estimular los derechos de las mujeres y la erradicación de alusiones que las violenten o discriminen, se llevó a cabo en Quito, Ecuador el Noveno: SALÓN DE LA COMUNICACIÓN durante el mes de abril del 2013.
El Salón presenta una muestra de publicidad (radio, prensa y televisión) abierta al público, con el fin de que éste identifique las publicidades sexistas, y las no sexistas, a través de una votación que se desarrolla en varias ciudades del país, y cuyos resultados se darán a conocer en el mes de mayo de este año, y así motivar acciones concretas de entidades públicas y privadas para erradicar las publicidades sexistas.
Una muestra de publicidades se puede apreciar: Muestra 1, Muestra 2
Durante las jornadas en la ciudad de Quito, se desarrolló también el Foro de “Comunicación, Políticas Públicas y Sexismo”, en el cual participó ALER a través de la siguiente ponencia:

“ALER es una Asociación, que agrupa a 82 emisoras en 16 países de América Latina y el Caribe, con más de 500 alianzas con otras radios en la región. En la comunicación nos posicionamos desde nuestras prácticas, es decir desde nuestra opción de radio popular, lo que significa que reconocemos las experiencias, los saberes y los conocimientos en un diálogo permanente con las comunidades, bajo una perspectiva de construcción crítica.
En esta oportunidad quisiera hablar sobre tres elementos de manera muy breve, como aporte en el análisis, discusión y propuestas sobre el tema “Comunicación, Políticas Públicas y Sexismo”:
1.- No existen lenguajes inocentes;
2.- Ni tampoco medios de comunicación imparciales;
3.- La construcción de una Comunicación Popular con lenguaje justo y equitativa de género.

Expone: Anaité Vargas – ALER
Primero: No existen lenguajes inocentes…
Quienes hemos trabajado en comunicación sabemos perfectamente que el lenguaje, las formas, la sintaxis, los puntos y comas, son un elemento que puede modificar drásticamente cualquier expresión de una idea.
Decir que en los medios de comunicación el lenguaje se maneja de una manera inocente y sin cargas ideológicas, es como tratar de auto engañarnos en pleno siglo XXI, igualmente si se dice que los medios de comunicación son “objetivos y neutrales”… desde nuestra práctica pensamos que No, ni la lengua es a-ideológica, ni los medios son objetivos o neutrales.
Los lenguajes son en todo momento un reflejo que manifiesta lo que se piensa, lo que se siente o se desea, (incluso lo que no). Cuando cada una de nosotras y nosotros nos expresamos a través de cualquier forma de lenguaje, decimos lo que somos, lo que creemos.
El lenguaje, al igual que otras características que tenemos como seres humanos, son producto de nuestros contextos y aprendizajes, por lo tanto si cohabitamos en un entorno violento, sexista, machista, discriminador, racista, homofóbico, opresor… etc., nuestro lenguaje reflejará eso; es decir actuará como un espejo –quizá inconscientemente – de nuestro entorno y de las prácticas con las que convivimos.
Para que nuestro lenguaje nos refleje distintos y distintas, lo primero es caer en cuenta de lo que hacemos, es decir, una de-construcción y construcción ideológica propia, la de-colonización del pensamiento, y solo cuando logramos convivir en armonía entre lo que somos, lo que sentimos y lo que queremos ser (no racistas, no sexistas, no homofóbicos, etc.), entonces hacemos un ejercicio de coherencia relacionado con nuestros lenguajes y acciona en consecuencia. Esto implica por sí mismo un trabajo personal y colectivo arduo, ya que el lenguaje, no está exento como hemos señalado de una carga ideológica que no es ni inocente ni ingenua, a la vez, el lenguaje es parte de las formas cotidianas de comunicación, y a nuestro pesar es uno de los elementos más tardíos en la evidencia de los cambios y las transformaciones.
Ahora, lo dicho anteriormente se puede relacionar con cada persona, pensando en nuestras individualidades, en el ejercicio propio de expresión y lenguaje no sexista en nuestra cotidianidad; pero cuando hablamos de comunicación no sexista desde los medios, cuando hablamos de políticas públicas, el análisis y estado de las cosas es distinto y complejo.
Han sido múltiples los escenarios en los que se ha abordado el tema de la comunicación y la mujer, o la comunicación y el género, por ejemplo en el año 1995, en la Cuarta Conferencia Mundial sobre las Mujeres, desarrollada en Beijíng – China, se habló del fomento de una imagen equilibrada y no estereotipada de la mujer en los medios de difusión y/o comunicación.
Existen claras referencias desde hace más de dos décadas, del debate de este tema, por lo tanto, ni medios de comunicación, ni Estados tienen excusa alguna que explique el uso de lenguajes sexistas en la comunicación mediática, y sin embargo los avances o cambios en el tema, parecen ser mínimos, o al menos insuficientes.
Segundo: No existen medios de comunicación imparciales.
Estudios internacionales demuestran que el mundo que vemos en las noticias es un mundo donde las mujeres son virtualmente invisibles. Sólo el 21 % de los temas de noticias las personas que son entrevistadas o sobre quienes las noticias hablan – son mujeres. Por cada mujer que aparece en las noticias, hay cuatro hombres. La opinión especializada en las noticias es abrumadoramente masculina. El 83% de los expertos y el 80% de los voceros son hombres. Como autoridades y expertas, las mujeres rara vez se incluyen en las noticias.
Sin embargo a la hora de hablar de publicidad para la venta, resulta que la utilización de la imagen femenina y de la mujer es mayoritario, básicamente por dos razones: a) es expuesta como objeto sexual, b) es considerada una potencial compradora. Por diversas razones se ha identificado que el papel de comprar es mayoritariamente de la mujer a nivel mundial, lo que no significa que la mujer tenga mayor adquisición económica.
En el caso ecuatoriano, por ejemplo, lamentablemente se cuenta con innumerables “modelos” que ilustran una de las tendencias comunicativas sexistas. Algunos programas televisivos actuales y otros de reciente data como Mi reciento, La Pareja feliz, El Combo Amarillo, entre otros, son claras muestras del concepto de comedia sexista que, lamentablemente no solo se da en este país, sino que semejantes evidencias podemos encontrar en todo el continente latinoamericano; a través de los cuales se reafirma (en algunos de maneras muy grotescas) los estereotipos sexistas tanto de mujeres como de hombres.
Algunos programas están llenos de expresiones discriminatorias hacia la mujer, los/as afro descendientes, los/as indígenas, los niños y niñas, etc. Según la Defensoría del Pueblo del Ecuador, estas producciones marcan claramente estereotipos sociales en los que se asocia a mujeres bonitas con poca inteligencia, también existe violencia verbal hacia los personajes del género femenino, y su figura casi siempre está condicionada por la presencia masculina[1]; a pesar de las conclusiones de la Defensoría del Pueblo, estos programas no solo siguen al aire, sino que se mantienen en horarios que no les corresponde debido a sus contenidos.
Lenguaje sexista, programas “cómicos” sexistas, programas que reproducen roles sexistas entre hombres y mujeres, informativos sensacionalistas que se nutren del amarillismo de un “crimen pasional”, la estigmatización del actuar de una mujer, la cosificación comercial de la mujer como objeto ‘sexy’, el papel de “macho” y “potente” otorgado a los hombres, son pan de cada día en los medios de comunicación de nuestros países.
Para romper con estos modos de comunicación sexista, es importante que los gobiernos y las organizaciones nacionales e internacionales adopten medidas encaminadas a fomentar estrategias de información, educación y comunicación orientadas a estimular la presentación de una imagen equilibrada de las mujeres y las jóvenes, de las múltiples funciones que ellas y ellos desempeñan, pero también de los hombres quienes también (en menor grado) suelen ser objeto de esta comunicación sexista y estigmatizadora.
Así también, a fomentar una capacitación que tenga en cuenta los aspectos relacionados con el género para el sector profesional de los medios de difusión, incluidos, pero no solo a los periodistas (corresponsales), sino y sobre todo a los Jefes de Prensa, Jefes Editores, o sus similares, a fin de alentar la creación y la utilización de imágenes no estereotipadas, equilibradas y diferenciadas de la mujer en los medios de difusión.
Otra medida que se puede ejercer desde las autoridades competentes, siempre y cuando no se atente contra la libertad de expresión, es alentar a los medios de difusión a que se abstengan de presentar a la mujer como un ser inferior y sancionar su explotación como objeto sexual y como bien de consumo.
Es importante construir una comunicación en la cual a través del lenguaje se evidencien los paradigmas de una nueva sociedad con justicia de género. Una comunicación que refleje realmente este proceso y apueste desde los medios de comunicación, por construir una sociedad despatriarcalizada y descolonizada.

Tercero: Hacia una Comunicación Popular con lenguaje justo y equitativa de género.
Desde ALER hacemos nuestra práctica y reflexión desde la comunicación con una intencionalidad política, esto es, política entendida en el sentido de transformación social con perspectiva de derechos humanos plural y democrática.
Es nuestro proyecto político comunicativo, una práctica educativa que pasa por la formación y reflexión de los enfoques y tratamientos no sólo de lo que sale en la programación radiofónica, sino lo que implica la práctica política como actores y actoras sociales, que se articulan y participan de movimientos y organizaciones con poder para la incidencia en lo local, nacional y regional. Es el camino de la pregunta que adoptamos como proceso pedagógico de construcción colectiva, donde el contexto nos refiere una obligación y un compromiso ético. Las preguntas como desatadoras de procesos de debate, de profundización, que aspiran ser una metodología para “mirarnos con ojos propios”, o como se diría en otras palabras descolonizar el pensamiento y las prácticas. Contrapuesto al camino de la respuesta, que se legitima en muchas ocasiones, y nos pretenden repetidores/as de modelos, de estereotipos, de acciones sin mayor cuestionamiento crítico.
Tomando las palabras de Marcela Lagarde, en ALER “La política es vista a través de diversas ideologías como acción pública para acceder a posiciones que permiten incidir en la sociedad y como acción que permite acaparar poderes y ejercerlos sobre otros.[2]”
Compartimos con Lagarde la visión de la indecencia desde la perspectiva de la mujer, cuando dice que “El empoderamiento incide en la construcción de nuevas formas de democracia social y política ya que, para conseguir sus objetivos prioritarios, cada mujer requiere participar en procesos sociales con el fin de avanzar. Al hacerlo, las mujeres van innovando la política con su sola presencia que elimina el principio patriarcal de exclusión y con el establecimiento de nuevas reglas, propósitos y sentido de lo público, lo estatal, lo civil y lo personal, es decir, de lo político.[3]”
El posicionamiento frente al desarrollo, como una tendencia hegemónica impuesta que ha simplificado nuestra capacidad creativa y creadora, es sin duda un elemento clave para comprender – nos en nuestra práctica educomunicativa. El desarrollo y la línea de pensamiento que la ha promovido, ha conformado una separación dicotómica entre países, los llamados desarrollados – subdesarrollados, y todo lo que en lógica dicotómica simplifica la complejidad de la realidad y sus diversas interpretaciones, esto es llevado a otros ámbitos, mujeres – hombres, heterosexuales – homosexuales, blancos – negros, pobres – ricos. Obviamente estas y otras tantas dicotomías, nos conducen por rutas de autodesprecio y minusvalía, que no es tal. La conveniente matriz de opinión y sus diversos espacios de legitimación social, en primer lugar nos ha impedido cuestionarles, como si fueran verdades inapelables, indiscutibles. Pero suponiendo que el mejor de los casos la insubordinación epistémica y política revirtiera este “orden” (entre comillas), aún existiría la incertidumbre, de si no es el progreso lo que aspiramos, entonces qué?
Este es el origen de la crisis civilizatoria y el cambio de época que enfrentamos actualmente y que tiene múltiples signos de propuestas en esta Patria Grande. El Buen Vivir, lo que eso significa para el Caribe, a veces tan distante de Suramérica, o cómo se traduce en posibilidades reales de nuevas relaciones biocéntricas, justas y democráticas es un tema aún pendiente que sólo se resuelve de forma colectiva, generando intercambio y diálogos que faciliten muestras de experiencias significativas. Es sin duda, un tema que apenas mencionamos acá, y que invitamos a profundizar en otros espacios cotidianos.
En este marco de preocupaciones e inquietudes, nos posicionamos con la agenda comunicativa y política desde las radios, en este sentido compartimos algunas de las reflexiones que surgieron como parte de nuestro Encuentro Latinoamericano “Comunicación Popular y Buen Vivir”, que vivimos en septiembre del 2012 sobre este tema. Allí contamos con la mesa de comunicación popular y mujeres, así como un taller que permitió compartir acuerdos para una agenda[4] político – comunicativa.
Aquí una síntesis de esta reflexión colectiva.
“La comunicación popular tiene, entre otras características, el elemento de la inclusión; la inclusión de todas las voces, de todos los sectores y de todas y todos los actores de la comunidad. Este elemento no podría darse si no se incluye y reconoce la voz de las mujeres.
Esta premisa que parece tan elemental, en realidad no lo es. Hasta hace algunos años, las voces y la participación de las mujeres en los diferentes campos de acción eran invisibilizadas y no valoradas. Esto ha ido cambiando gracias a la organización y a los movimientos de mujeres. Sin embargo, actualmente aún estamos en condición desigual. Un ejemplo de ello se presenta en los medios de comunicación, principalmente los medios comerciales, donde el papel de la mujer es el de objeto sexual, el de una víctima que sufre abnegadamente o el de mujeres perversas que a costa de lo que sea pelean por el amor de algún hombre. Con estos contenidos, que son los más, hay una ‘normalización’ de los roles discriminatorios de género y hay una reproducción de estereotipos, fomentando así la desigualdad y la violencia de género, haciéndolo parecer como lo normal. En pocos programas las mujeres tienen un papel protagonista y valorado.”
La opción de ALER en este sentido, desde la práctica de la comunicación popular y comunitaria los ilustramos con diez elementos para nuestro quehacer cotidiano:
- Las voces de las mujeres son escuchadas y valoradas.
- Las mujeres, en su propia voz se encargan de visibilizar los temas que les interesan.
- Importancia del trabajo de prevención a través de los medios: prevención de la discriminación y de la violencia. O del sexismo como esta iniciativa del Salón de la Comunicación.
- Las mujeres hablan desde su propia experiencia de vida y no desde discursos descontextualizados de cómo debería de ser la vida.
- Se visibilizan experiencias de mujeres en procesos de organización y liderazgo, muchos de ellos con mujeres jóvenes.
- Plantear propuestas concretas y alternativas para el Buen Vivir individual y colectivo.
- Promoción del autoconocimiento de las mujeres, el diálogo con ellas mismas y con otras mujeres, así como la sororidad (acuñado como hermandad entre mujeres, sor – fraterna).
- Se pasa de la victimización al empoderamiento, lo que le permite tomar decisiones conscientes y autónomas sobre su vida. Esto sirve de ejemplo para otras mujeres.
- El programa radial deja de ser una simple tribuna y pasa a generar cambios sociales concretos, pues hay un trabajo entre las mujeres de las comunidades, hay un compromiso social. Las mujeres intervienen en talleres participativos de capacitación.
- La interacción con la audiencia es fundamental. Ejemplo de ello es la organización del Encuentro entre Mujeres, donde el denominador común consiste en querer transformar la realidad personal y colectiva de las mujeres y por ende de la sociedad.
Las radios contribuyen, en la disputas y producción de sentidos (…) “desde sus regiones y espacios, a la de-construcción de los estereotipos sobre lo que las mujeres deberíamos de ser, construcciones hechas desde otras clases sociales y modos de vida, que responden al capitalismo y al patriarcado, mientras que estos programas permiten construir paralelamente, en el día a día, un nuevo sentido de ser mujer que surge de sus propias experiencias en los sectores populares, dignificándolas.”
La construcción de la agenda comunicativa es una herramienta que expresa criterios respecto a temas, contenidos, actores, procesos de nuestro quehacer educativo-comunicativo para fortalecer procesos de incidencia política.
Esta agenda consensuada es un espacio que se actualiza periódicamente de acuerdo a los cambios del entorno, para que cada referente o actor social aporte desde su implementación en lo local, y construya junto a otros/as desde una visión más continental. Tal como señalamos nos quedan preguntas desatadoras del proceso que invitamos a seguir reflexionando:
- ¿Cómo determina el género la vivencia en el espacio público?
- ¿Qué se entiende por género? ¿Desde dónde se legitima? ¿Quiénes le promueven?
- ¿Cómo enfrentar la discriminación y la violencia?
- ¿Cómo incluir en nuestras prácticas edu-comunicativas, explícita e implícitamente el género?
Finalmente queremos cerrar esta intervención señalando nuestra mirada desde el futuro que hacemos como ALER, donde nuestra opción es educar y comunicar pasión por la vida.
[1] Investigación “Igualdad y no discriminación. Producción Nacional y Publicidad en Televisión”, presentada por la Defensoría del Pueblo en 2012.
[2] Ponencia Marcela Lagarde, Publicación “Encuentro Comunicación Popular y Buen Vivir”. 2012
[4] Mesa de experiencias significativas. Comunicación popular y mujeres. Moderadora: Beatriz Mora (Radio Teocelo-México).
Foro: El feminismo es un capital político. Ponente: Marcela Lagarde (México).
Taller: Mucho más que dos. La agenda de género y diversidades sexuales.